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Cuando más trabajo es cuando no trabajo. Si no trabajara, la vida dejaría de interesarme Joan Miró

La búsqueda de trabajo se entiende de manera diferente si acabas de quedarte en paro que si llevas ya mucho tiempo en él.

Nada más perder el empleo algunas personas se sienten asustadas, mientras que otras incluso se sienten aliviadas y lo ven como una oportunidad para cambiar. Algunos incluso deciden tomarse un tiempo de vacaciones para desconectar.

Sea como sea, casi todo el mundo empieza la búsqueda de trabajo con mucha energía. Todos tenemos más o menos claro eso de que la búsqueda de trabajo es un trabajo en sí mismo. Así que el primer día pones el despertador a las ocho, te duchas, te arreglas, coges un montón de CVs y sales a la calle con la cabeza bien alta. Al fin y al cabo eres un gran profesional y las empresas se te van a rifar para que trabajes con ellas. Como estamos en tiempos más modernos, puede ser que en vez de salir a la calle con el fajo de CVs decidas inscribirte en todos los portales de empleo que conoces, revisar las ofertas interesantes que haya en tu sector e inscribirte. Todavía al principio no has perdido la dignidad por lo que te inscribes sólo en aquellas que realmente te interesan. Cuando termina el día te sientes muy productivo, y estás seguro de que al día siguiente te llamarán para hacer una entrevista.

Pero, ¡horror! Ha pasado una semana, un mes o un año y nadie ha llamado a tu puerta. Revisas tu teléfono por si estuviera roto, pero no. Con suerte has hecho alguna entrevista esporádica, pero puede ser que ni eso. Entonces, sucede que te cansas poco a poco… Dejas de levantarte tan temprano, te pasas los días en pijama en tu casa, sigues abriendo los portales de empleo, pero ahora te inscribes en todas y cada una de las ofertas, de tu ciudad y de la Conchinchina, ya te da lo mismo. Si eres arquitecto te apuntas a esa oferta de fontanero porque, al fin y al cabo, tú cambiaste aquel grifo de la cocina que se rompió.

En el peor de los casos, dejas de buscar trabajo justificándote de que las cosas están mal para todos y nadie encuentra nada. No es tu culpa si te ha tocado vivir esto y dejas tus sueños a un lado. ¡Pues no! Se acabó el compadecerte de ti mismo, es hora de hacer las cosas de otra manera.

Vamos a revisar qué es lo que estamos haciendo mal:

  1. Vuelve a levantarte con energía y a arreglarte. El hecho de verte bien hará que vuelvas a valorarte a ti mismo. Una vez te valores tú, también te valorarán los demás.
  2. No te lances a la calle con el ansia renovada. Tómate tu tiempo para pensar qué es lo que de verdad quieres ser y cómo conseguirlo.
  3. Revisa tu CV y cámbialo para adecuarlo a lo que estás buscando. Necesitas tener un CV atractivo, bonito e interesante.
  4. Deja de enviar CVs como un loco desesperado, eso ya no funciona. Idem con apuntarte a todas las ofertas indiscriminadamente. Apúntate sólo a aquellas que te interesen.
  5. Si hasta ahora tu manera de buscar trabajo no te ha dado resultados, cambia de método. Haz las cosas de manera diferente.

Y aquí viene lo más importante, ¡el modo de buscar trabajo ha cambiado para siempre! Muchas vacantes en las empresas nunca llegan siquiera a publicarse, es más, la mayoría de ellas se cubren a través de contactos. No se trata de enchufes, de eso de meto a mi primo el del pueblo a pesar de ser un cafre. Se trata de que entre un desconocido del que no sé nada y un buen profesional al que conozco bien, me quedo con el segundo. Por lo tanto tu manera de buscar trabajo tiene que cambiar. No se trata de que dejes de inscribirte a las ofertas que se publican. Se trata de pasar la mayor parte del tiempo que busques trabajo haciendo contactos. Y para hacer contactos hoy en día son imprescindibles, y muy útiles, las redes sociales.

Así que retoma con ánimo y energías renovadas la búsqueda de trabajo, pero no hagas lo de siempre, que no te ha funcionado. Dedícate a hacer contactos y verás como vas a tener mejor suerte.

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